Desechos electrónicos: un desafío para la industria

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En el mundo se generan millones de toneladas de desechos electrónicos, derivados del rápido crecimiento económico y del consumismo acelerado. Esto no debe ser una preocupación menor, pues al no promover una cultura del reciclaje de estos desechos, se genera una explotación exagerada de materias primas y permite que los consumidores actúen de manera desinformada. De acuerdo con National Geographic, en los residuos electrónicos se encuentran materiales peligrosos como metales pesados: mercurio, plomo, cadmio, plomo, cromo, arsénico o antimonio, los cuales son susceptibles de causar diversos daños para la salud y para el medio ambiente.

La presencia de metales pesados y otras sustancias peligrosas que se pueden encontrar en este tipo de desechos, constituyen un riesgo para la salud humana si no se gestionan adecuadamente. De hecho, un monitoreo realizado por las Naciones Unidas concluyó que, en Latinoamérica, al 97% de los desechos electrónicos no se les da el manejo adecuado. En el caso especifico de México, cada habitante del país produjo 9.23 kilogramos de basura electrónica del 2015 al 2021 y se espera un crecimiento del 17% en la generación de este tipo de residuos en los próximos tres años (Inventario de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos en México).

Teniendo en cuenta que las empresas son las mayores productoras y acumuladoras de residuos electrónicos, estas deben plantear nuevas estrategias con una visión a largo plazo, bien sea a la hora de adquirir o elaborar sus equipos. En muchos casos, se justifica el desecho de equipos como un efecto colateral del crecimiento empresarial, desconociendo las soluciones que ya existen para generar economía circular y ser responsables con el medio ambiente. Afortunadamente, hoy en día la conciencia ambiental va en aumento y desde nuestra trinchera, los empresarios estamos colaborando en acciones responsables con nuestro entorno.

Aunque representa un desafío cambiar los paradigmas de consumismo de las últimas décadas, las iniciativas varían y buscan adecuarse a las necesidades y preocupaciones de los clientes. Por ejemplo, en el sector de tecnología existen empresas como Zebra Technologies que facilitan servicios de reciclaje de dispositivos usados y baterías con el apoyo de contenedores en donde los clientes pueden depositar los desechos o programar una recolección en sus instalaciones. Con acciones como estas no solo estamos prolongando la vida de los dispositivos, sino que también dejamos los desechos en manos de expertos sin poner en riesgo nuestra salud.

Ante el entorno competitivo en el que estamos, las empresas buscan cada vez más desarrollar sus operaciones, haciéndolas más eficientes para ofrecer la mejor experiencia posible a sus clientes. Esto hace que constantemente estén en la búsqueda de nueva tecnología, desechando las versiones anteriores y renovando su stock según sus necesidades. Existen factores alrededor de esta práctica que tienen un impacto en el planeta, pues la fabricación de nuevos dispositivos genera un consumo de recursos naturales y el desecho de la tecnología obsoleta, contamina el medio ambiente – de hecho, ya nos estamos enfrentando a una crisis de materia prima, por lo que ahora más que nunca es momento de repensar nuestras estrategias y propiciar un consumo responsable desde el sector empresarial que se refleje en los consumidores.

Los programas de economía circular buscan justo eso, darles una segunda vida a los diversos dispositivos electrónicos y concientizar sobre los impactos de consumir sin meditar. A la par, apoyan en el desarrollo y el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas con equipos renovados a precios competitivos que trazan un camino más seguro hacia el desarrollo tecnológico mientras se reduce el impacto ambiental.

Aunque esta estrategia afortunadamente es muy popular en el sector empresarial, cada organización le da su toque. En Zebra, por ejemplo, recompramos equipos usados de nuestra marca para repararlos y ponerlos de nuevo en el mercado a precios más bajos para compañías que estén interesadas en modernizarse sin invertir grandes cantidades de dinero. Según nuestra prueba de calidad de 24 puntos, los dispositivos reacondicionados tienen un segundo ciclo de vida de 2 a 5 años.

En el contexto actual es imperativo que las empresas comprendan el impacto que generan sus desperdicios electrónicos y tomen conciencia de las implicaciones de comprometerse a ser socialmente responsables. Las cifras son duras y con pequeños cambios podemos ver avances significativos que además mejorarán la percepción de la empresa ante el consumidor. Estas estrategias no solo responden a las demandas del ecosistema, sino también a las exigencias actuales de los usuarios. Si bien el mundo tecnológico avanza todos los días a pasos agigantados, la marcha de la sostenibilidad tiene que ser aún más rápida.